martes, 21 de julio de 2009

LOS DEMASIADOS (Contratapa escrita por Fernanda Sandez, diario Critica)

Nadie lo vio llegar. Había abierto de par en par las rejas de una vieja central eléctrica a la que siempre llamamos “el templo”, y ahí, entre los escalones de mármol y la vereda, estaban sus muebles. Un colchón agujereado –casi una rebanada de pan lactal fina– varias bolsas negras, un par de cartones. Para pasar, no quedaba otra que bajar a la calle y entonces él, sentado en la cumbre de su reino minúsculo, saludaba.
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